Consejos de Gestión

Evaluar económicamente el recurso paisaje

El paisaje está constituido por el elemento físico, suelo o territorio sobre el que se asienta y, asimismo el elemento social o asentamiento humano, el cultural, el histórico y el estético. Se podría asegurar que la más intensa protección del paisaje se encuentra en los sistemas que protegen una determinada estética, que no tiene porqué ser espectacular o sobresaliente.

De modo que si la sensibilidad constituye el presupuesto de una necesidad que es más generalizada o masificada que elitista en el plano más íntimo y ese plano constituye en muchos casos además, la causa de la demanda de determinados servicios que generan beneficio económico -sobre todo el vinculado a la industria del ocio y del turismo, de vital importancia en Andalucía- hemos de reconocer que el paisaje satisface una necesidad.

Siendo el presupuesto un bien o recurso, el paisaje permite un análisis económico. Los lugares que permiten disfrutar de bellos paisajes o vistas alcanzan en el mercado inmobiliario precios más altos de los que no permiten esta posibilidad, lo que económicamente determina una ventaja competitiva diferencial entre unos y otros. La escasez de paisajes es pues una causa objetiva que permite un análisis económico del paisaje. El paisaje se define por tanto como un acto de consumo y disfrute.

El paisaje ha de percibirse como un producto cuyo consumo es necesario para elevar el bienestar y la calidad de vida, no exclusivamente de determinadas clases urbanas, pues mientras el paisaje siga siendo un producto orientado al consumo exclusivo de esas clases, y no satisfaga también las necesidades de los consumidores rurales, difícilmente podrá ser protegido de forma adecuada.

Los economistas utilizan muy diversos sistemas que tratan de medir el valor que la sociedad pierde cuando acontece un desastre ambiental y es posible cuantificar así mismo el valor de una acción humana que afecte al paisaje.

Estos mecanismos se basan en valorar los beneficios recreativos de un proyecto o política, ya sea de un espacio de interés natural, paisajístico, de práctica deportiva o un gran parque de atracciones. Con ello se determina el excedente del consumidor de los usuarios de ese espacio geográfico.

También se ha usado el modelo de los denominados precios hedónicos que valora los bienes sin mercado, desglosando el precio de un bien privado, de mercado, en función de varias características, las cuales tienen un precio implícito, cuya suma determina, en un proporción estimable, el precio del bien de mercado que se observa. Por ejemplo una vivienda, cuyo precio puede estimarse por la agregación de los precios implícitos de sus características del entorno en el que esté ubicada, ya que es claro que no tiene el mismo valor las viviendas cuyas vistas dan a un hermoso paisaje a las que no lo tienen.

Otro ejemplo de sistema de valoración lo encontramos en el denominado sistema de valoración contingente, que trata básicamente de simular un mercado para obtener la valoración de aquellos bienes sin mercado explícito real. De tal modo que se puede ofrecer hipotéticamente una unidad de un bien a un precio determinado que la persona encuestada puede aceptar o no, como se hace de forma cotidiana con otros muchos bienes privados.

Estos sistemas que vienen siendo utilizados como instrumentos de valoración del recurso natural se usan (junto con otros como el método del costo de viaje, método de transferencia de beneficios o método de productividad) para valorar el paisaje y el daño que a este puede causarle una determinada acción humana.

La valorización económica del paisaje debe de hacerse teniendo en cuenta los parámetros de valorización atendiendo a los elementos predominantes del paisaje y la valorización que de ellos se ha hecho desde sectores especializados.

En el caso del paisaje cultural o arqueológico, ya hay criterios de valorización específicos que atienden a ese patrimonio como seña de identidad, como fuente de ingresos económicos y como recurso susceptible de ser científicamente investigado y atendiendo a esa consideración como recurso se clasifica tomando como referencia el valor de uso, el valor formal y el valor simbólico-significativo, pero siempre dentro de su contexto social y económico.